sábado, 23 de febrero de 2008

De una vieja canción de marinero

En el oscuro vientre de los perros

un hombre busca el mar.

Lleva ocultos paisajes

como una largo cementerio de peces,

y vagos recuerdos del azul.

Han de abrirse los mudos horizontes

a la barca dolorosa de su costilla,

donde los cuerpos vividos,

como gastadas camisas gritaron para siempre:

Un hombre ha muerto.

y en el oscuro vientre de los perros

empieza a amanecer.

Armando Abréu, CUBA

martes, 12 de febrero de 2008

ODA A PABLO NERUDA

“Acecharon su muerte y entonces la ofendieron:
solo porque su boca está cerrada
y ya no puede contestar su canto.”

Pablo Neruda
(Pobres poetas)


I

Yo iba a cumplir dos años
cuando te fuiste, Pablo.
Era un tiempo dramático el de aquella partida.
Los ayes de tu tierra coronaban los Andes
y las hienas bebían sangre del pueblo
en las alcantarillas de Santiago.
Todo era gris, cuando menos, oscuro.
Hasta la luz se declaró proscrita
y un lamento oceánico flotaba en Isla Negra.
No pudiste escoger mejor momento
para lanzar tu póstuma protesta,
la más viril, la más incontestable
de cuantas habías hecho. No pudieron
callarla. No alcanzaron disimular el trueno
de tu silencio puro, tenaz, definitivo,
contra los asesinos de tu sueño,
del Presidente amigo, del trovador
que lejos de sus manos
seguía cantando al pueblo.



II

Luego he sabido, Pablo,
que allá en los balbuceos
de mis primeros pasos,
me hacía llamar Allende, y ese nombre,
repetido mil veces en salmos cotidianos
junto al viejo retrato colgado en las paredes
de todos los vecinos,
acompañó mi vida.



III


Después vino la edad de la conquista
y en tus versos cabalgaron, jinetes,
mis suspiros de eterno enamorado. Cada noche
podía escribir los versos más tristes
sobre los labios vírgenes de alguna adolescente.
Yo te citaba, Pablo, en los parques y en los campamentos,
fueran los días de sol o noches sin estrellas,
tú ibas siempre conmigo
en gastadas libretas de rasgo indefinible
y mala ortografía.
¡Cuánto divino instante me diste, compañero!
Desde aquel tu pasado que era entonces a un tiempo
la verdad del presente y el sueño del futuro.



IV


Ahora te pienso, Pablo, más allá de tus versos,
después de treinta años de amistad inconfesa,
y contemplo gigante tu estructura de piedras,
de caracol, de mar, de pájaro furtivo,
que vuela como el cóndor sobre el cielo de América.
No hay que esperar cien años a que otra vez despiertes,
si los pueblos que amaste ya invocaron tu nombre
desde las altas cumbres, desde las hondas cuevas,
izaron las banderas azules con los peces
que escrutan el Pacífico hasta que cualquier día
un mascarón Neruda surja en el horizonte.

CANTOS AL HOMBRE

Hombre que vas camino de la vida,
no pierdas la esperanza.
La esperanza está en ti,
eres tú mismo, lo que hagas de tus pasos.
Solo debe preocuparte el norte de tu brújula.
Ella son tus ideas, ¡cultívalas!
Si supieras leer, lee,
y si no sabes, solo observa y piensa;
pero aunque sepas, siempre observa y piensa.
Y sobre todo, piensa.



I

¿Sabes que nadie tiene derecho a la tristeza?
¡Has pensado en la magia de estar vivo!
¿No es un milagro respirar?
¿Cuántos espermatozoides persiguen fecundar al óvulo?
Dichoso tú. Eres uno entre millones.
Bien pudiste no ser, pero ahí estás,
y sin embargo, lloras de tristeza.



II

No des un solo paso en busca de la felicidad.
Ella no está delante ni detrás;
no es un destino.
No es un lugar ni un tiempo.
Es un estado del espíritu.
Quédate quieto y siente
la vida que transcurre junto a ti.
De mil maneras te recuerda que vives.
Súmate a este torrente de alegría
que te ha sido regalado,
es un derecho y también un deber
con los que no pudieron,
con los que ya no están.
Comprende que la felicidad es el camino.



III


¿Viste el amanecer de este día que termina?
Nada hay más importante que esperar cada día
con los ojos, la mente y el corazón dispuestos.
Darle la bienvenida y suspirar alegre
porque has llegado aquí.
Mañana no sabemos.
La vida es delicada mariposa
que vuela distraída
sobre el turbión perenne de la muerte,
y su vuelo es muy corto;
disfrútalo, no vayas en cualquier dirección.
Descubre a tiempo la flor de más fragancia,
detente allí, dedícale un instante
para tomar impulso, seguir vuelo,
y ayudar a los otros
a continuar su viaje, lo más lejos posible,
sobre el turbión perenne de la muerte.


IV


Busca dentro de ti;
ahí está todo lo que necesitas para vivir feliz.
No creas falsas angustias
provocadas por los deseos efímeros.
No te entretengas, ¡vive!
Que el tiempo de vivir no te fue dado
para que lo malgastes.
El reloj de la muerte no se para.


V

Respóndete a ti mismo si es que de verdad vives
o si apenas existes.
Vivir es gastar cada instante que respiras;
existir es ni siquiera tener conciencia de ello.
Vivir es aprovechar al máximo
todo lo que te ha sido dado, y compartir;
existir es nada más tener y acumular.
Vivir es ocuparte de todo lo que te dice que estás vivo;
existir es ocuparte solo de ti.

Es triste comprender que la mayor parte de los hombres
existe, simplemente.



VI


No te angustie la muerte,
no le temas.
Es la que da sentido a nuestra vida.
Sabes que vives porque existe ella;
como que está segura al final del camino,
el camino se vuelve más hermoso;
como vendrá hacia ti en cualquier momento,
te obliga a vivir cada instante como si fuera el último.
Vive sincera, intensa, claramente,
para que puedas recordar con alegría tus pasos
en cada trecho del camino,
cuando ella llegue y se te pare en frente
a decir que tu tiempo ha terminado.