Carlos Rodríguez Almaguer
Amanece de pronto sobre el mundo en que habito,
y el brillo de los astros se acumula en el centro
de estos ojos, que buscan el anhelado encuentro
con el soplo y el ala blanca de lo infinito.
Por senderos extraños muchos siglos anduve,
siguiendo sin descanso la señal de mí mismo,
y descendí en la noche sepulcral del abismo
a rescatar el rayo de luz que nunca tuve.
Hoy vuela la esperanza sobre cielos lejanos,
que son como un destello feliz en la alborada;
y en este suelo ignoto de tierra atribulada,
a donde me trajeron los caminos mundanos,
solo me queda un libro que me sirve de almohada,
y una mujer hermosa que duerme entre mis manos.